Reorganizar la clase trabajadora
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El Trabajador Socialista 85 - Octubre 2011
Reorganizar la clase trabajadora
Por Carlos Amaya
Desde el Golpe de Estado, la incorporación de la clase trabajadora a la lucha ha sido limitada y dispersa. Salvo los paros de labores protagonizados por los gremios magisteriales, el SITRAINA, el SITRATERCO, y varias seccionales de sindicatos públicos no hubo una incorporación masiva del movimiento sindical y los intentos de huelga general fracasaron estrepitosamente. La mayoría de los trabajadores y trabajadoras se incorporaron de manera individual a las movilizaciones de la resistencia.
Sobre este hecho mucho se ha criticado a los sindicatos y en la práctica se abandonó a la clase obrera a su propia suerte. Algunos dirigentes y grupos políticos han afirmado que las trabajadoras y trabajadores son sectores privilegiados, que le hacen el juego a los golpistas y en algunos casos extremos que la propia clase obrera no existe.
Sin clase obrera no hay anticapitalismo
Ante la profunda y general crisis del sistema capitalista hondureño —reconocida por todos los sectores en resistencia— que abarca lo económico, social, político y cultural; se ha planteado la necesidad de acabar con dicho sistema mediante la REFUNDACIÓN de Honduras.
Por tanto, cualquier proyecto consecuentemente anticapitalista tiene que tomar en cuenta OBLIGATORIAMENTE el mundo del trabajo, es decir, a las trabajadoras y trabajadores del campo y la ciudad, tanto del sector público como privado, de servicios o de industria, sindicalizados o no.
Socialismo o Barbarie coincide en este sentido con el planteamiento del compañero Carlos H. Reyes (dirigente del STIBYS y ex candidato presidencial por la Candidatura Independiente Popular) cuando señala que “Los retos y las estrategias del movimiento sindical hondureño están íntimamente ligados a la crisis del sistema capitalista, a la situación política e institucional del país y a la posición del movimiento obrero organizado dentro del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP), entre otros.”[1]
Retos del movimiento sindical
La clase obrera es la principal víctima del capitalismo neoliberal de nuestros días, condenada a una vida de miseria y privaciones con el fantasma del desempleo y la marginalidad, cruzada por todos los flagelos sociales sólo es considerada como “bestia de carga” limitada al trabajo asalariado.
Además de la lucha por la defensa de sus conquistas ante la ofensiva del gobierno de Pepe Lobo, el movimiento sindical debe actualizar sus objetivos estratégicos enfrentada a nuevos retos históricos.
Más de cien mil obreros y obreras en la industria de la maquila, miles de obreros agrícolas en las plantaciones de palma y en las cañeras, miles de empleados de comercio y servicios, se encuentran sin organización o con débiles sindicatos de empresa, sin que los dirigentes de las centrales obreras y mucho menos del movimiento popular y de las organizaciones de izquierda (con honrosas excepciones) tengan como objetivo prioritario su organización.
Esta situación de postración y desorganización de la clase obrera en general plantea al movimiento sindical otro reto histórico: romper con la concepción meramente reivindicativa que le han dado las dirigencias burocráticas de las centrales obreras acomodadas a los privilegios que les da ser gestores de migajas ante las instituciones del estado burgués al frente de pequeños sindicatos de empresa.
Estas direcciones son las principales responsables que ante el Golpe de Estado, los trabajadores no hayan podido intervenir como clase con sus propios métodos de lucha, y también son las responsables de no haber enfrentado mediante la movilización nacional las políticas del gobierno de Pepe Lobo. Fueron los dirigentes de las Confederaciones y las Federaciones quienes desmovilizaron y frenaron los intentos de Huelga General.
Se trata por tanto de la necesidad de impulsar un cambio en todas las estructuras del aparato sindical liberándolo del viejo conservadurismo de dirigencias dependientes del aparato de estado burgués, que organice las fuerzas obreras, las dote de un programa contra el capitalismo y las movilice con sus propios métodos.
“Es urgente realizar un evento para revisar la filosofía, estructura y línea política del movimiento sindical, magisterial y campesino que, entre otras cosas, lleve como propósito hacer una sola central sindical, magisterial y campesina, y promueva el sindicalismo ramal o por industria, todo con vistas a fortalecer el movimiento sindical y el FNRP para enfrentar sus retos”[2]
Los obreros y la política
“El movimiento sindical y precisamente los obreros de los sindicatos industriales, continuamos siendo una pieza fundamental en toda lucha política. Al imperio y a sus guardianes de patio, no le preocupan tanto las tomas de calle o de empresas de servicios, mientras el ausente de esas luchas siga siendo el sindicalismo industrial.”[3]
La estrategia de la Coordinacional Nacional del FNRP-LIBRE separa la lucha social de la política, dejando la primera para la vieja burocracia de las centrales y la nueva burocracia frentista; y la lucha política (entendida como lucha electoral) para los “políticos profesionales” mediante la creación del partido LIBRE.
Contrario a esta estrategia, el movimiento obrero y en particular el organizado sindicalmente deben incorporarse de lleno a la lucha política en su sentido más general (y no exclusivamente electoral como lo conciben los actuales dirigentes del FNRP) y social —sin separarlas—, con su propio programa reivindicativo, sus propios métodos de lucha y su propia democracia directa (asambleas generales, votaciones democráticas, mandatos de base, revocación de dirigentes), buscando crear su propio instrumento político de clase.
En ese sentido, una tarea inmediata debe ser “la necesidad de reafirmar la articulación de la lucha social con la lucha política, pues con la resolución de la Asamblea del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) del 26 de junio 2009 de crear el partido político llamado Frente Amplio de Resistencia Popular (FARP) [hoy LIBRE], TENDREMOS UNA ORGANIZACIÓN PARALELA QUE LAS PUEDE SEPARAR. … porque hay quienes quieren destruir el FNRP para sustituirlo por el FARP [LIBRE], que aquel se convierta en una corriente interna de este, y ello sería una tragedia para todos”.[4]
Por un movimiento obrero clasista y revolucionario
“Cuando la clase obrera se sume consiente de SI misma, con las tomas de fábricas, el comercio y la banca, indudablemente, estaremos a las puertas de una verdadera revolución en Honduras”.[5]
Socialismo o Barbarie coincide con este planteamiento y se suma a los esfuerzos por la reorganización del movimiento obrero hondureño desde una perspectiva de independencia de clase retomando las principales tradiciones heredadas de Juan Pablo Wainwraight, Cálix Herrera, Graciela García, la Huelga del 54, la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular y la Candidatura Independiente Popular.
Notas:
[1]. Retos y estrategias del movimiento sindical hondureño. Posibilidades en el marco del contexto actual. Carlos H. Reyes
[2]. Idem.
[3]. En defensa del movimiento sindical. Julio Flores, dirigente del STIBYS
[4]. Retos y estrategias...
[5]. En defensa...











