Día de la madre hondureña

Salud madres luchadoras

Carlos Amaya

Una buena oportunidad para reflexionar sobre la situación de la madre hondureña. En particular las millones de madres de las clases explotadas, oprimidas y marginadas.

madresLas que con dolor preparan los magros alimentos –cada vez más inalcanzables– para sus hijos; que remiendan sus viejas y gastas ropas de “bulto” de los “moles” populares; las que esperan con ansias la llamada del hijo o la hija –trabajadores sin empleo– convertidos en migrantes.

Las que con enorme esfuerzo acompañan la escuela y el colegio soñando con una hija o hijo universitarios, cada vez más distante. Las que luchan por conservar sus tradiciones ancestrales en comunidades amenazadas con ser arrasadas por la voracidad capitalista.

Las que enterraron a sus 2092 hijos asesinados en el gobierno de Lobo; las 40 que quedaron solas porque sus compañeros campesinos murieron luchando por la tierra en el Aguán. Las que recibieron en una bolsa plástica a sus hijos calcinados de la Granja Penal.

Las miles de madres que dejan su fuerza de trabajo y su salud en las maquilas, en el comercio, la banca, los hospitales, las escuelas y colegios, los mercados. Las que producen riqueza y reciben pírricos salarios.

Y aquellas más de 400 a quienes sus hijos visitarán en los cementerios víctimas de los femicidios.

Para esas millones de madres, el sistema capitalista hondureño y la “democracia” armada de los hijos del Golpe de Estado, no tiene nada que ofrecer.

Desde la Reforma Liberal a fines del Siglo IXX, cuando se abrieron las puertas de par en par a la inversión capitalista extranjera y se condenó a Honduras a ser un enclave que enriqueció durante un siglo a las fruteras; pasando por la oscura y sangrienta noche del Cariato y su “República Bananera”; las madres trabajadoras han debido enfrentar –bajo el yugo del patriarcado– las lacras del sistema en lo laboral y en lo doméstico.

Después de la Gran Huelga Obrera del 54 –y gracias a la misma– las mujeres logran una serie de conquistas sobre todo en lo político y en lo organizativo, pero que en gran medida son inalcanzables para la mayoría de las mujeres esclavizadas en la lucha por el sustento cotidiano, y discriminadas socialmente.

Con el neoliberalismo, la burguesía aumenta las cadenas que explotan y oprimen a la madre humilde, incorporándola masivamente al sistema productivo, comercial y de servicios pero sin liberarla del trabajo doméstico, sin darle soberanía sobre su cuerpo, sin reconocer su igualdad como ser humano. Llegando con el actual régimen “michelettista sin micheletti” a los espantosos e impunes crímenes de odio, donde ni la vida de la mujer, de la madre, del ser humano es respetado.

Pero frente a esta situación, la mujer, la madre, se incorpora a la lucha y a ella rendimos homenaje: a la madre luchadora, a la madre revolucionaria que sueña y lucha por una sociedad más justa sin miseria, explotación ni opresión.

Desde Socialismo o Barbarie y en el Día de la Madre Hondureña, compartimos el pensamiento de la revolucionaria Graciela García “Nada esperéis de las clases acomodadas. Sólo vuestra fuerza social organizada podrá conquistar nues­tro bienestar. Uníos para defender a vuestros hijos, uníos en las organizaciones del proletariado para afianzar vuestros derechos”.

¡Salud a la madre trabajadora, salud a la madre revolucionaria!


GracielaMadres, según Graciela García

Madre: vocablo en el que palpita amor, bondad, ternura y abnegación. Cualquiera que sea la posición social que ocupa la mujer la intensidad de estos sentimientos es más o menos la misma; pero quien lleva la cruz de todos los martirios, quien cumple su sagrada misión natural en una prolongada tragedia de privaciones es la madre proletaria. En nuestro humilde criterio el segundo domingo de mayo no debe ser un día de fiesta. Más bien debe ser un día que sirva para meditar sobre la angustiosa situación, sobre las miserias, sobre los viacrucis de dolor de las madres proletarias. Ellas padecen hambre, su situación no tiene nombre por lo cruel e inhuma­na.

Ellas son los seres más sufridos y desamparados del proletariado.

El Estado y las clases dominantes les niegan todo dere­cho, las dejan en el mayor desamparo, las abandonan a sus débiles fuerzas. Consienten en que esas madres pidan pan para sus hijos, que imploren a la conciencia de los acomoda­dos, que son arrojadas a las calles cuando no tienen para pagar la vivienda.

Sobre las espaldas de las madres proletarias gravita el mayor peso de las miserias inherentes al aniquilador sistema de cosas en que vivimos.

Ellas son víctimas oscuras de este sistema que las confina a una asfixiante vida erizada de angustias y dolores.

La mujer proletaria en su augusta condición de madre sufre amargura al ver a los hijos sin pan y harapientos, al verlos crecer y sin medios de instruirlos para hacerlos útiles a la sociedad y al verse obligada a dárselos al amo para que los explote.

Madres proletarias: la estructura económica de la socie­dad que prevalece hace imposible un alivio inmediato para vuestros dolores. Nada esperéis de las clases acomodadas. Sólo vuestra fuerza social organizada podrá conquistar nues­tro bienestar. Uníos para defender a vuestros hijos, uníos en las organizaciones del proletariado para afianzar vuestros derechos”.

Artículo publicado por Graciela García en el diario El Sol en 1931 sobre el día de la madre. Que, según Graciela, “para Cultura Femenina el Día de la Madre no era sólo un día de fiesta, sino también un día de reflexión sobre las condiciones socioeconómicas del país que condenaban a la mayoría de las madres hondureñas a pasar privaciones los 365 días del año.”

Graciela García fue una revolucionaria marxista, miembro y Secretaria General de la Sociedad Cultura Femenina fundada el 24 de octubre de 1926 por iniciativa de las hermanas Antonieta, Jesús, Mariana y Ceferina Elvir, cuya primer Secretaria General fue Visitación Padilla.

Fue a iniciativa de la Sociedad Cultura Femenina que el Congreso Nacional emitió el 24 de enero del 1927 el Decreto Ley N° 32 declarando el segundo domingo de mayo como Día de la Madre Hondureña.


Tomado de Porque quiero seguir viviendo… Habla Graciela García. Rina Villars, Editorial Guaymuras, 1991.