Socialismo o Barbarie de Honduras

Tinta Roja 6

Berta Cáceres: Más que ambientalista una revolucionaria

Por Carlos Amaya

Una visión unilateral de Berta Cáceres

Carlos Amaya, Berta Cáceres y Carlos H. Reyes. Candidatura Independiente PopularEn estos duros tiempos de crisis generalizada del sistema capitalista mundial en donde destacan la falta de perspectivas para la juventud, el desempleo y la precarización laboral, la corrupción generalizada, la migración forzada, el recalentamiento global, los femicidios y el fanatismo religioso, con su secuela de muerte y destrucción; el pensamiento posmoderno “conmemora a las víctimas sin reflexionar sobre sus actos y sobre el sentido de los acontecimientos que vivieron. No se analizan más las luchas, los conflictos, las revoluciones”.

Tal el caso con la compañera Berta. Se la presenta como ambientalista, como defensora, como lideresa, como feminista o como dirigente indígena. Pero Berta era mucho más que estas etiquetas descontextualizadas.

Berta Cáceres en su contexto

A partir de 1993, Berta Cáceres junto a Salvador Zúniga, convirtieron las comunidades indígenas –históricamente olvidadas– en un poderoso movimiento social con voz propia en el panorama del movimiento popular de Honduras, justo cuando las viejas dirigencias burocráticas de las centrales obreras se rendían ante el neoliberalismo y las organizaciones políticas de la izquierda hondureña abandonaban la lucha para incorporarse al orden vigente.

Eran los duros años de la destrucción de sindicatos poderosos como el SITRATERCO, el STENEE de Gladys Lanza y el Sindicato Minero, que permitió el inicio del proceso neoliberal en Honduras mediante la devaluación de la moneda, la modernización agrícola y la corrupción organizada desde el gobierno de Rafael Callejas.

La dura lucha que le tocó librar al COPINH, al igual que a otros sectores que no se habían rendido tras la caída del muro de Berlín, la colocó en primera línea del más profundo proceso unitario del movimiento popular hondureño: la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular. Una experiencia profundamente democrática, representativa y movilizadora que puso un freno a la política privatizadora en los gobiernos de Ricardo Maduro y Manuel Zelaya, con la toma de Tegucigalpa en el 2003 y con tres paros cívicos en el 2008, y en la que COPINH fue protagonista destacado.

La lucha por la defensa de los derechos de las comunidades indígenas llevaron a Berta a profundizar de manera consiente y consecuente su perfil anticapitalista y antiimperialista, librando importantes luchas contra los Tratados de Libre Comercio que abrieron las puertas a la entrega de nuestros recursos naturales y servicios públicos a las transnacionales, siendo un aspecto destacado de esta lucha la permanente denuncia de la presencia militar extranjera en nuestro país.

Conocedora de la opresión que sufre la mujer en el sistema capitalista adoptó un feminismo militante que tuvo su máxima expresión en la 1ra Corte Popular de Mujeres del COPINHdonde se denunció y condenó la impunidad, el femicidio, la criminalización, el racismo, la violencia y el patriarcado.

Apoyada permanentemente en las comunidades de base hizo de la consigna de Asamblea Constituyente un proceso único de ejercicio político originario y popular que nunca abandonaría.

En este proceso de posicionamiento político, no es casual que haya aceptado –previa consulta a las bases– ser candidata a Designada Presidencial en la Candidatura Independiente Popularde Carlos H. Reyes en el año 2009, junto a la compañera docente Maribel Hernández y a Carlos Amaya.

Como decía Berta, se trataba de una nueva forma de hacer política; abandonando la demagogia y el populismo típico de la politiquería bipartidista, convirtiendo la política en un instrumento de unidad del pueblo y las comunidades trabajadoras dejando atrás al caudillismo tradicional. Una candidatura cuyas propuestas políticas eran las mismas demandas sociales de los sectores populares y que estaba a su servicio.

Por eso, al darse el golpe de estado de junio del 2009, participó en primera línea en la resistencia al mismo demostrando en las calles su compromiso con el pueblo retirándose la CIP del proceso electoral para no validar el golpe de estado y sus siniestros objetivos.

Firme en sus principios

Tras la firma de los acuerdos de Cartagena y el abandono de la lucha social y popular a favor de una política electoral que legitimó el régimen golpista, Berta se mantuvo firme en sus principios y su plena identificación con sus bases. Siguió impulsando proyectos unitarios como la Convergencia Refundacional y la Plataforma del Movimiento Social y Popular de Honduras.

Y no se equivocó. La legitimación internacional del régimen golpista y la derrota de la resistencia popular dejaron las manos libres a los gobierno de Pepe Lobo y Juan Orlando Hernández como máximos representantes del sistema capitalista hondureño en profunda descomposición, para implementar la mayor entrega del país a las transnacionales (recordemos las ciudades modelo y los peajes), militarizando el país y criminalizando la protesta social como nunca antes. Dejando una secuela de violencia (primer lugar en el mundo en homicidios durante varios años), corrupción generalizada (con el saqueo del Seguro Social como máxima expresión), e impunidad.

Cada vez que surgía la oportunidad de unificar al movimiento popular, allí estaba Berta. No dudó un minuto es participar en el intento fallido de unificar la Resistencia con los Indignados tratando de hacer avanzar la movilización popular y social en contra del régimen golpista.

En este contexto se inscribe el accionar de Berta Cáceres y su lucha por la defensa del río Gualcarque, lucha en la que enfrentó —apoyada en las comunidades— todo el poder del gobierno, la empresa privada, las transnacionales y los sicarios a su servicio.

Por la época que le tocó vivir, Berta era mucho más que una luchadora, que una ambientalista, que una lideresa: ERA UNA REVOLUCIONARIA.

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